sábado, 9 de febrero de 2008

A una Gitana

Un día te ví, mientras esperaba en la fila para entrar.
Es imposible no mirarte, estas ahí, con tu corazón expuesto a la gente. En la esquina de la muralla y en pleno sol. Justo cuando te ví, sentí algo que me apoderó por completo. He cuestionado y me he preguntado. Necesito saber, necesito entender. Te veo exponiéndote a todo, los que pasan y los que no.


Pero, ¿por qué?
¿pena?
¿mentira?
¿vivir?

Como siempre, te veo allí, a las afueras de tu vida antigua, de tus murallas y de tu integridad. Solo entiendo un poco, la integridad no te alimenta, no alimenta a tus queridos. No voy a hacer como aquel señor que siguió caminando, yo te voy a socorrer.

Pero no con oro! Ni con perlas! Ni dinero!
Sino con lo que tú necesitas.
Necesitas saber que no es necesario. En verdad. Donde tú te encuentras es solo un estado mental. ¿No estudiaste? Pues estudia. ¿No tienes dinero?
Consigue un trabajo. ¿No tienes fe? Órale aquel que te cuida todos los días que estás aquí.
De amanecer a anochecer. El está contigo. El te cuida a Estefanía.
Te la cuida cuando estás con ella y cuando no. Yo me siento triste por tí.
Por lo que tienes que hacer para comer. Para vivir.
Ya no esconderé mis lágrimas de tí con mis gafas. Tienes que verlas. Sí, hay gente que le importas. Pero yo no soy el único, hay uno más que yo sé. Aunque no lo puedas ver, lo sientes en tu corazón. Mantenlo allí, que el te mantiene en el del.

Mi tiempo aquí se me acaba, me pongo mis gafas, mientras me voy, me baja otra lágrima.
Nunca te olvidaré. Pero no volveré.
Aunque no te veré, te amaré.
Y seguiré orando y creyendo en tí y en él.

No hay comentarios: